Hacer un test de personalidad y salir con una etiqueta, un perfil resumido en unas letras: es una experiencia común. El resultado es nítido, memorable, fácil de compartir. Y a menudo deja una molestia: la sensación de haber sido resumido demasiado rápido, metido en una casilla que solo le encaja a medias.
Esa molestia tiene fundamento. Clasificar una personalidad por casillas plantea un problema real de método, y existe otra forma de medirla, más fiel a lo que usted es.
El problema de las casillas
Una casilla es una frontera. El test decide un umbral, y según caiga usted de un lado o del otro, le atribuye un perfil o su opuesto. Esta mecánica tiene dos defectos serios.
El primero es el efecto de umbral. Dos personas casi idénticas, cuyas respuestas solo difieren en un detalle, pueden caer a un lado y otro de la frontera y quedar clasificadas en dos perfiles presentados como contrarios. A la inversa, dos personas bastante distintas pueden compartir la misma casilla, con tal de que caigan del mismo lado. La casilla trata como idénticas a personas que no lo son, y como opuestas a personas muy parecidas.
El segundo es la inestabilidad. Como todo se juega en un basculamiento, basta poco para cambiar de casilla de una vez a otra. Repite el test unos meses después, su ánimo o su lectura de una pregunta han cambiado un poco, y la etiqueta cambia. Lo que pretendía describirle de forma duradera resulta más frágil de lo anunciado.
Medir sin encerrar
La alternativa existe, y es más sólida. En lugar de meterle en una casilla, se le puede situar en una escala. Cada rasgo se convierte en un gradiente entre dos extremos, y su resultado le coloca en algún punto de ese gradiente, no en una caja.
Este cambio lo transforma todo. Dos personas parecidas obtienen posiciones parecidas, sin una frontera arbitraria que las separe. El matiz se conserva: usted no es «esto» o «aquello», está en tal grado, más cerca de un extremo o del otro. Y el resultado es más estable, porque un ligero cambio en sus respuestas desplaza un poco su posición en vez de hacerle cambiar de identidad.
Es el principio del modelo OCEAN, también llamado Big Five, en el que se apoya Solivalis. Describe a cada persona por su posición en cinco grandes dimensiones, sin encerrarla nunca en un tipo. Es el principio del test de personalidad de referencia.
Una pregunta útil ante un test que ha hecho: ¿le dio una etiqueta o una posición? ¿Le dijo lo que es, o en qué medida lo es? La diferencia separa una casilla de una verdadera medida.
Lo que gana al salir de la casilla
Salir de la lógica de las casillas no es solo cuestión de comodidad. Es cuestión de exactitud. Una personalidad no es un asunto de todo o nada, y la escala respeta eso donde la casilla lo aplasta. Gana una imagen más fiel, que da cuenta de sus grados y sus matices en lugar de colocarle junto a personas que se le parecen de lejos.
Si alguna vez se ha sentido apretado en un perfil prefabricado, probablemente faltaba ese matiz. Puede hacer el test gratis y verse en escalas, sin etiqueta y sin casilla.