La investigación en psicología de la personalidad coincide en un punto: lo esencial de lo que distingue a las personas se resume en cinco grandes dimensiones. Se las llama los cinco grandes rasgos, o Big Five, también conocido como modelo OCEAN, por la inicial de esas cinco dimensiones en inglés. Es el modelo que Solivalis utiliza para medir la personalidad. Cada uno de estos rasgos es una escala en la que usted se sitúa en algún punto, ni del todo en un extremo ni en el otro. Ninguno es bueno ni malo: son formas de ser, no calificaciones.
Aquí están los cinco, uno a uno, con lo que cada uno describe en concreto.
La apertura
La apertura describe su relación con lo nuevo y con las ideas. Una persona situada en el extremo alto de esta escala es curiosa, imaginativa, atraída por lo que aún no conoce, cómoda con lo abstracto y el cambio. En el otro extremo hay personas más pragmáticas, apegadas a lo que ha demostrado su valor, cómodas en lo conocido y lo regular. Su resultado le sitúa entre estos dos polos, de lo pragmático a lo curioso. Ninguna de las dos posiciones es mejor: la inventiva y el arraigo son útiles según las situaciones.
La conciencia
Este rasgo describe su forma de abordar las tareas y la organización. En el extremo alto, uno es metódico, riguroso, fiable, planifica y cumple sus compromisos. En el extremo bajo, uno es más espontáneo, funciona de manera flexible, aunque sea menos estructurado. Su resultado le sitúa en algún punto entre lo espontáneo y lo metódico. El rigor ayuda a llevar proyectos de largo aliento; la espontaneidad permite adaptarse rápido. Cada extremo tiene su ventaja.
La extraversión
La extraversión describe su necesidad de trato y la forma en que obtiene su energía. Una persona sociable busca el intercambio, se anima en grupo, saca energía de la presencia de los demás. Una persona más reservada prefiere la calma, el trato en grupos pequeños, y se recupera en la soledad. Su resultado le sitúa entre lo reservado y lo sociable. No es cuestión de timidez: es una diferencia en la necesidad de estímulo. Ambos perfiles funcionan, en contextos distintos.
La amabilidad
Este rasgo describe su manera de relacionarse con los demás. En el extremo alto, uno es conciliador, atento, propenso a confiar y a buscar el entendimiento. En el extremo bajo, uno es más directo, menos inclinado a ceder para preservar la armonía. Su resultado le sitúa entre lo directo y lo conciliador. La conciliación facilita la vida en grupo; la franqueza ayuda a decidir y a defender una postura. También aquí, ningún extremo es superior.
El neuroticismo
Esta dimensión describe su sensibilidad al estrés y a las emociones negativas. Es la N de OCEAN. Una persona situada en el extremo reactivo de esta escala siente las tensiones con más fuerza y durante más tiempo, y vuelve más despacio al equilibrio tras un contratiempo. En el otro extremo, una persona estable encaja los golpes con calma y recupera pronto su estabilidad. Su resultado le sitúa entre lo estable y lo reactivo. Una puntuación alta no es un defecto: esa sensibilidad suele ir de la mano de una atención fina a las señales y a los demás. Como las otras cuatro, es una escala, no una etiqueta.
Cinco escalas, una imagen de conjunto
Por separado, estas cinco dimensiones no dicen gran cosa. Es su combinación la que dibuja una personalidad. Dos personas pueden compartir un rasgo dominante y diferir en todos los demás, lo que basta para hacerlas muy distintas. Por eso un perfil se lee siempre en su conjunto, nunca rasgo por rasgo de forma aislada, como muestra el test de personalidad de referencia.
La mejor manera de entender estas cinco dimensiones es ver dónde se sitúa usted en cada una. Puede hacer el test gratis en unos quince minutos.